El Real Valladolid de los colombianos


 

Desde la fundación de nuestro Pucela, allá en 1928, hemos vivido pequeños momentos de gloria, como aquella Copa de la Liga que ganamos en 1984, las dos clasificaciones europeas o cada uno de los ascensos a Primera División, pero no nos engañemos, la genética blanquivioleta está hecha para sufrir.

Dentro del inacabable catálogo de torturas inhumanas ofrecida por nuestro Real Valladolid, figura una plantilla ilusionante, confeccionada para grandes objetivos, pero que acabó siendo un auténtico pufazo aún recordado en nuestra ciudad incluso con cierta nostalgia, muestra del masoquismo pucelano.

Os hablo del llamado “Valladolid de los colombianos”.

La historia de estos ilustres colombianos comienza en el Mundial de Italia 90, cuando el combinado nacional de su país, que hasta entonces no tenía una gran trayectoria a nivel internacional, viajaba a este mundial tras una gran fase de grupos y unos buenos resultados en las anteriores ediciones de la Copa América, una selección integrada por unos talentosos jugadores, muy poco conocidos por el gran público, dirigidos por un joven y prometedor entrenador, Pacho Maturana, quien, además de la exitosa trayectoria que venía logrando con la selección cafetera, ya había conseguido títulos con su club, el Atlético Nacional de Medellín, tanto a nivel nacional como continental

 

Imagen de aquella selección colombiana que llamó la atención en Italia 90

Y en el mundial de Italia 90 confirmaron lo que prometían, ya que, a pesar de ser eliminados por Camerún en octavos de final, hicieron un gran papel ante selecciones muy superiores, como Alemania o Yugoslavia, desplegando un juego vistoso y alegre.

Entre los millones de personas que vieron ese mundial, se encontraba Gonzalo Gonzalo, presidente del Real Valladolid, quien pretendía que el club diera un paso adelante y dejara de ser un equipo de media tabla y gracias, y tras darle muchas vueltas, decidió tirar la casa por la ventana y traerse a mitad de la temporada 90/91 al artífice de esa selección colombiana, Pacho Maturana, que vino acompañado de su preparador físico, quien llegaba a Pucela con la reputación de ser un gran innovador en cuanto a métodos de entrenamiento.

Juno a ellos, llegó a Valladolid uno de los futbolistas destacados de esa selección colombiana, Leonel Álvarez, cuyo fichaje fue expresa petición de Maturana.

Fotografía del colombiano Leonel Álvarez durante su estancia en el Real Valladolid

Se trataba de un mediocentro luchador, de brega, que, gracias a su agresividad, entrega y lucha constante durante los partidos, no tardó en ganarse el respeto de la afición blanquivioleta, que siempre ha agradecido el esfuerzo de los jugadores con carácter y personalidad.

Al ser el debut de Maturana en Europa, ese Real Valladolid levantó una gran expectación, de hecho, entrenadores como Capello, Del Bosque o Benítez, aseguraban seguir los partidos de ese pucela, incluso Ramón Mendoza, presidente del Real Madrid, le llegó a ofrecer entrenar a los merengues, aunque finalmente no se materializó.

Sin embargo, aunque el debut de estos pioneros colombianos fue bueno desde el punto de vista clasificatorio, ya que el Real Valladolid finalizó noveno en la Liga, en ningún momento se vio por Zorrilla el juego alegre que predicaba, sino más bien un estilo poco brillante y especulativo.

Y así llegamos a la temporada 91/92. La del gran desastre.

La nueva temporada de Maturana en nuestro equipo, unida a la incorporación de los nuevos “cracks” colombianos, provocó una gran expectación.

Pacho Maturana en el banquillo del José Zorrilla mientras fue entrenador del Real Valladolid

La prensa nacional y la afición vallisoletana tenían puestas grandes esperanzas en ese Real Valladolid, entre otras cosas, porque desde el propio club se había venido alimentando esa ilusión vendiendo que esa iba a ser la temporada del gran salto, incluso fijando como objetivo alcanzar puestos europeos.

La temporada anterior no había sido buena en cuanto al juego, pero todos en Valladolid pensaban que iniciando Maturana la temporada, sus novedosos conceptos futbolísticos iban a cuajar inmediatamente, un planteamiento basado en la posesión del balón y el control del juego a un ritmo calmado pero seguro. Atrás, la defensa zonal era palabra del señor, colocándola en una parte adelantada del campo, presionando, cerrando líneas y achicando espacios hasta asfixiar al rival, y en ataque, tranquilidad, pausa y libertad plena para la imaginación, apoyándose en un doble pivote en el que uno de ellos siempre cubriese la espalda del enganche, el típico “10” sudamericano, que debía de ser el jugador realmente desequilibrante.

Para ello, el club hizo un gran esfuerzo económico para traer a Valladolid dos piezas clave en el esquema de Maturana: René Higuita y Carlos Valderrama.

El controvertido portero colombiano, procedente del Atlético Nacional de Medellín, club en el que era idolatrado tras conseguir la Copa Libertadores, era un elemento esencial para la idea de Maturana, ya que, al plantear una defensa tan adelantada, alguien debía cubrir todo el espacio que quedaba a sus espaldas, por lo que un portero con buen manejo del balón con los pies y sin miedo a abandonar el área era un requisito elemental.

Imagen de los cuatro protagonistas en la grada del José Zorrilla poco después de reencontrarse en Valladolid

 

Poco después, en Valladolid descubrimos que Higuita solo cumplía uno de los dos requisitos…pero no nos adelantemos.

El otro refuerzo estrella fue Carlos “el pibe” Valderrama, el llamado a ser el crack del equipo, el “10” talentoso y desequilibrante que necesitaba Maturana, quien, a sus 30 años, llegaba del Montpellier francés tras tres irregulares temporadas, aunque su tranquilidad con el balón en los pies, su predisposición a mirar hacia adelante, la facilidad con la que se ofrecía a sus compañeros y su visión de juego, fueron aval suficiente para su llegada a esta orilla del Pisuerga.

Desembolso total por ambos jugadores: 80 millones de pesetas…

Con estos ilusionantes mimbres, el Valladolid se presenta ante su público en la primera jornada de Liga y pierde 0-1 con el Sporting de Gijón en un pésimo partido.

Así comenzó la breve y apasionada relación entre Míchel y Valderrama

 

En la segunda jornada, se viaja al Santiago Bernabéu y se vuelve a perder por 1-0, en un partido más recordado por el romántico “affaire” entre Michel y Valderrama que por el juego, en la tercera jornada, nueva derrota, esta vez en casa ante el Logroñés, un rival directo, en la cuarta, otra derrota, 1-0 en Riazor, y por fin, en la quinta jornada, llega la primera victoria, 2-1 en Zorrilla contra el Albacete de Benito Floro, aunque la dinámica negativa volvió una semana después, 1-0 en el derbi regional contra el Burgos.

Conclusión: tras seis jornadas, se habían perdido cinco partidos y se había ganado tan solo uno, pero lo más alarmante no eran los resultados, sino la malísima imagen del equipo, lo que hizo aflorar las dudas y la tensión.

La afición empezaba a pensar que se la habían colado, veían a Higuita cantar “La Traviata” partido tras partido, que Valderrama cobraba mucho para lo poco que hacía en el campo, que Maturana no era lo que les habían vendido…y así empiezan los primeros pitidos, las primeras protestas, los cánticos de “pásate un gramo, Higuita pásate un gramo”, lo que lleva a Maturana a plantearse alinear a algunos jugadores solamente en los partidos fuera de casa.

Alineación titular de aquel Real Valladolid poco antes del partido

Para colmo de males, si la situación deportiva era delicada, la económica era aún peor.

Gonzalo Gonzalo pretendía cubrir el enorme esfuerzo económico realizado al inicio de la temporada con una previsión de ingresos menos creíble que un programa político, y la cruda realidad no tardó en atizar al club un guantazo a mano abierta, surgiendo los primeros rumores de impagos a los futbolistas.

Sin embargo, para sorpresa de todos, el Valladolid, a pesar de seguir jugando horriblemente mal, encadena una serie de buenos resultados que lo sacan del descenso, pero, por desgracia, fue un simple espejismo, como demostró la dolorosa goleada que nos endosó el Atlético de Madrid, 5 a 1, a la que siguió otra clara derrota ante el Valencia, 3-1.

El ambiente en el siguiente partido en Zorrilla fue más tenso que la relación entre nuera y suegra. Desde el inicio, los pitidos persiguieron a Higuita, cada balón perdido era seguido de una lluvia de insultos…y cuando parecía que a pesar de todo el Valladolid se iba a llevar la victoria, nueva cantada del portero colombiano y empate a 2 con el Tenerife.

Estamos en la jornada 15, diciembre para más señas, y tras este nuevo ridículo, el equipo empieza a implosionar.

René Higuita no aguanta más la presión de Zorrilla y, con 23 goles encajados en 15 partidos con la camiseta blanquivioleta, decide rescindir su contrato con el Real Valladolid y regresar a Colombia “para ser justo con su rendimiento”

El polémico y siempre discutido René Higuita durante su breve paso por el Real Valladolid

Sin embargo, detrás de la espantada del cafetero había una realidad mucho más preocupante.

La importante inversión económica realizada en la contratación de las estrellas colombianas, sus altísimas fichas, y una pésima gestión económica, habían provocado un desequilibrio económico de alrededor de 1.000 millones de pesetas, y Gonzalo Gonzalo, con su “economía imaginativa”, había pensado cuadrar las cuentas con la venta de Caminero al Real Madrid por 300 millones de pesetas, pero Ramón Mendoza se agarró tal cabreo tras la aparición de una fotografía en prensa del madrileño con la camiseta blanca, que rompió el precontrato y sumió al Real Valladolid en una situación económica desesperada.

De esta forma, se destapó la realidad detrás de los rumores sobre el club blanquivioleta: no había un duro y los jugadores no cobraban, lo que generó un ambiente insoportable en el vestuario

El siguiente en salir fue Valderrama, quien, tras 17 partidos, un solo gol y un pobrísimo rendimiento deportivo, en enero salió del club rumbo al Independiente de Medellín con el inolvidable recuerdo de las suaves manos de Michel toqueteando sus genitales…

Fotografía de Carlos "el pibe" Valderrama con la camiseta del Real Valladolid

Poco después se despedía de Zorrilla el último futbolista del clan de lo colombianos, Leonel Álvarez, que curiosamente también fue el primero en llegar a esta orilla del Pisuerga, volviendo a su país para jugar en el América de Cali. Lo cierto es que el bueno de Lionel terminó pagando los platos rotos de sus compatriotas, ya que Álvarez fue el único de los cafeteros que cumplió en el campo, pero el ambiente en Zorrilla era ya tan fétido que el aficionado consideraba a todo el clan de los colombianos como un mal indivisible que debía de ser extirpado del club.

Con un juego lamentable, el equipo a la deriva y permanentemente en puestos de descenso, Maturana finalmente es cesado en la jornada 29 cuando el olor a segunda división ya era insoportable, siendo sustituido en el banquillo por Javier Yepes, quien en los nueve partidos que restaban, no pudo evitar el más que previsible descenso del Real Valladolid, que acabó la Liga penúltimo tras una de las peores temporadas de su historia.

Mis recuerdos sobre ese equipo son muy vagos, pero al repasar esa temporada y leer diferentes crónicas, no podía evitar fijarme en las alineaciones de ese Real Valladolid, en las que aparecían nombres como Ravnic, Minguela, Caminero, César Gómez, Santi Cuesta, Vicente Engonga, Santi Aragón, Onésimo, Fonseca…jugadores recordados en pucela y que tuvieron un largo y exitoso recorrido en Primera División, lo que me ha hecho pensar que tal vez la razón de que esa plantilla no funcionase no tenía tanto que ver con la falta de calidad, sino más bien con factores como los problemas económicos, la mala dinámica deportiva, o que Maturana se enrocó en su sistema y su forma de entender el fútbol, no consiguiendo en ningún momento sacar todo el potencial que tenía esa plantilla. 

Foto oficial de la plantilla de aquel Real Valladolid de la temporada 91/92

Como “bonus track”, os tengo que contar que las andanzas de estos colombianos por Valladolid llegaron incluso a la gran pantalla.

Allá en 2013, un equipo del canal colombiano Caracol Televisión, se instaló temporalmente en nuestra ciudad para grabar “La Selección”, una serie que narraba la historia de aquella selección colombiana de principios de los 90, en la que, en uno de sus capítulos, al contar la estancia de Maturana y compañía en Valladolid, aparecían algunas zonas de nuestra ciudad como las inmediaciones del Estadio José Zorrilla (como no…), el mercado de frutas y verduras de la Plaza España, la Iglesia de San Benito, además de otras localizaciones del centro.    

Los actores de la serie junto a Carlos Valderrama y René Higuita...sí amigos, el de la foto es Higuita...

Y sí amigos, hay vídeos.

No soy un crítico cinematográfico al estilo Juan Boyero, pero lo cierto es que la serie es insoportable… Aún así, sufriendo serias taras mentales ocasionadas por el visionado de varios capítulos tratando de encontrar el que aparece Valladolid, os dejo aquí el enlace al capítulo 21, justo el que narra la estancia en nuestra ciudad de nuestros protagonistas de hoy.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Barrio de Parque Alameda

Barrio de Parquesol

El Teatro Pradera