El Palacio de los Vivero
Este palacio, situado en el centro de Valladolid, es un resumen en piedra de la evolución política, artística y social del Reino de Castilla y de la propia España desde finales de la Edad Media hasta nuestros días, aunque sobre todo es conocido por haber albergado uno de los eventos más importantes y de mayor trascendencia para la historia de nuestro país… y una vez lanzado el gancho y obtenida vuestra atención, hablemos del Palacio de los Vivero.
La historia de este palacio nace en los últimos tiempos de la Edad Media, cuando alrededor de 1440, Alonso Pérez de Vivero, contador mayor del rey Juan II de Castilla, ordena construirse este palacio para venirse a vivir a esta orilla del Pisuerga, no porque la vivienda en Madrid fuera muy cara y en AVE estuviera en el trabajo en una hora, sino porque en aquel momento Valladolid era una ciudad fundamental en la Corona de Castilla, y todo aquel que en la época pintaba algo, debía de tener aquí una residencia.
Este duro noble gallego, natural de la localidad lucense de Vivero (como habréis podido deducir de su apellido), además de dar nombre al palacio (como también habréis deducido), no era precisamente Perico el de los Palotes, sino que fue una de las más importantes e influyentes figuras de la convulsa corte castellana del siglo XV al estar al frente del equivalente al Ministerio de Hacienda, un cargo tan importante entonces como ahora, aunque su final no acabó siendo muy agradable, ya que a pesar de llevar toda la vida al servicio de Don Álvaro de Luna, valido de Juan II, y de pertenecer a su círculo más cercano, su amistad acabó peor que el matrimonio Shakira-Piqué, y tras participar el de Vivero en varias conjuras políticas destinadas a acabar con el poder del valido, acabó siendo asesinado en Burgos por orden de Don Álvaro de Luna, causando su muerte una gran conmoción en la Corte Castellana, y de rebote, la caída del valido unos meses después por otro serio problema de salud… su propia ejecución.
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| Cuadro encargado por la hija de Don Álvaro de Luna, en el que el noble aparece con la ropa propia de un miembro de la Orden de Santiago |
Ahora que ya sabemos quién es quién, volvamos al edificio.
Su arquitectura original tenía un marcado carácter defensivo, algo muy típico de las construcciones de la Castilla del Siglo XV, una época marcada por los continuos enfrentamientos entre nobles, conflictos sucesorios y constantes luchas por el poder, que hacían que el reino empalmara una guerra tras otra, de ahí que estuviera edificado adosado a la parte exterior de las murallas de Valladolid y contara con elementos tan característicos como un gran torreón principal y torres en las cuatro esquinas, almenas, murallas propias, garitas defensivas e incluso un foso, lo que hacía que más que un palacio, estuviéramos ante una auténtica fortaleza señorial integrada en la ciudad.
Tras la muerte del patriarca, este edificio pasó a su hijo, Juan Pérez de Vivero, partidario acérrimo de Enrique IV en la guerra civil que sostenía éste contra sus hermanos Isabel y Alfonso, aunque como buen político, no tuvo grandes problemas en dejar tirado a Enrique y cambiarse al bando de sus hermanos con el mismo entusiasmo, lo que propició el importante acontecimiento que tendría lugar en su palacio, que no era precisamente el escenario más romántico para una boda, pero dada su ubicación y características, lo hacían perfecto para celebrar uno de los acontecimientos que determinaría la historia de España: el matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.
Sin pretender profundizar en el hecho histórico y las circunstancias en las que se celebró este real convite, porque se merece una entrada aparte (o dos…), y lamentando destrozar la romántica idea del amor modélico de sus Católicas Majestades, la cruda realidad es que su matrimonio tuvo la misma dosis de política y espionaje que una novela de John Le Carré.
Para que os hagáis una idea del contexto histórico y social de este matrimonio, Isabel había sido designada heredera del trono de Castilla en 1468 mediante el Pacto de los Toros de Guisando, poniendo fin a la guerra que sostenía contra su hermano Enrique, lo que la convertía en “la perita en dulce” de todas las casas reales europeas, y pudiendo elegir a quien deseara, eligió a Fernando, su primo segundo, por lo que fue necesaria una bula papal para que ambos jóvenes pudieran contraer matrimonio…un documento que daría mucho que hablar en los años siguientes, porque por lo que parece, tenía la misma autenticidad que un billete de 300 euros firmado por mí.
Como os decía, estamos en una época muy turbulenta en la Corona de Castilla, en la que, a las continuas luchas por el poder, se le unió la desconfianza que generaba en las noblezas castellana y aragonesa, y en otros reinos europeos, que, aunque no efectivamente, sí matrimonialmente, quedaran unidos los reinos más importantes de la Península Ibérica, razón por la que Fernando de Aragón, para evitar “felicitaciones de boda no deseadas”, llegara a Valladolid disfrazado de mozo de mulas.
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| Retrato de boda de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón |
Y por fin llegó el gran día, el 19 de octubre de 1469, cuando en la llamada “Sala Rica”, dos jóvenes ambiciosos, ella de dieciocho años, él de diecisiete, contraían matrimonio en el Palacio de los Vivero sin grandes festejos y sin una larga lista de invitados, ya que, dada la oposición del hermano de Isabel y rey de Castilla, Enrique IV, contrajeron matrimonio en secreto.
Sin entrar en la vida conyugal de los Reyes Católicos, en la que, al parecer, hubo mucho más amor que en el de la mayoría de los matrimonios de la época, sí se puede afirmar que en el ámbito político ambos se respetaron mutuamente y cada cual gobernó en sus respectivos reinos, pero Isabel no lo tuvo tan fácil como su marido, ya que tras morir su hermano y ser coronada en 1474, y a pesar de lo acordado, se vio envuelta en una nueva guerra por la sucesión en el trono de Castilla con la “hija” de Enrique IV, Juana la Beltraneja.
Esta nueva guerra en la Corona de Castilla tuvo una consecuencia que la nobleza no vio venir, y es que la reina Isabel tenía claro que si quería mantener su puesto, debía reducir el poder militar de los belicosos nobles castellanos, de ahí que en 1475, y a pesar de que su dueño era “amigo”, el Palacio de los Vivero sufriera su primera reforma integral al ordenar la reina el derribo de buena parte de las defensas de este edificio, perdiendo su carácter de bastión defensivo y convirtiéndose en buena parte en el palacio de elementos renacentistas que podemos ver hoy día.
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| Imagen actual de la portada del Palacio de los Vivero de Valladolid |
La fachada principal, aunque parezca bastante simple, tiene ciertos detalles interesantes, como la propia puerta, que conserva las hojas originales de madera claveteada y grandes aldabones de hierro, elementos propios de la arquitectura nobiliaria castellana, sobre la que se sitúa un balcón principal coronado por el escudo de la monarquía, una especie de recordatorio de quien mandaba allí, y encima de él, un quiebro con forma de triángulo que señala el centro del edificio
Si pasamos dentro, nos encontramos con estancias de un gran valor artístico.
La llamada “Sala Rica”, sí, en la que contrajeron matrimonio los Reyes Católicos, es uno de ellas.
Esta sala conserva su artesonado de estilo mudéjar, decorado abundantemente con motivos vegetales, geométricos y estrellas doradas, que os puede extrañar encontrarlo en un lugar tan católico como este, pero lo cierto es que esa mezcla islámica y cristiana que se dio en llamar arte mudéjar, era muy utilizado en nuestra tierra para crear interiores de gran riqueza decorativa como es el caso de la techumbre de esta sala, en la que la madera trabajada adquiere un protagonismo extraordinario.
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| Imagen del patio central del Palacio de los Vivero de Valladolid |
Otro elemento de gran interés es el patio central, constituido en el núcleo organizador del palacio.
De planta rectangular y rodeado de galerías porticadas de dos pisos, en la planta baja destacan los pilares octogonales de piedra, y en la primera planta, destaca la combinación de ladrillo enfoscado y madera, creando un contraste de materiales muy característico de la arquitectura castellana de la época, albergando en su interior un patio en cuyas esquinas se pueden ver cuatro habitaciones sobre las que en sus orígenes se encontraban las cuatro torres de este palacio.
A este patio se accede a través de un zaguán y una puerta desenfilada, una curiosa moda heredada de la España musulmana, pero con mucho sentido, ya que de esta forma se evitaba que desde la calle se pudiera ver directamente el interior de la vivienda, poniéndoselo difícil a los fisgones de turno y a los “paparazzis” de la época.
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| Escalera del Palacio de los Vivero de Valladolid |
Otro elemento importante es la portada que conduce a la escalera noble, que une características góticas y clásicas y un arco de medio punto de estilo italiano decorado con flores y motivos vegetales, un símbolo de la transición entre la Edad Media y el Renacimiento castellano.
Volviendo a los Vivero, el siguiente propietario del palacio fue Alfonso Pérez de Vivero, que parece ser que, además de llevar una vida digamos…disoluta, asesinó a su mujer, una poderosa razón para que en 1489 los Reyes Católicos le desposeyeran de sus bienes, incluido el palacio familiar, y ya que estaban, instalaron en este recinto la Real Chancillería, una institución de vital importancia al ser el tribunal de más alto rango del reino, y que trajo consigo una primera gran reforma del palacio, ya que fue necesario convertir los salones palaciegos en salas de audiencia.
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Imagen del Palacio de los Vivero de Valladolid a principios del siglo XX |
Simultáneamente se derribaron las caballerizas, creándose una ronda en el espacio que quedó libre, en la que más tarde, en 1562, y a la vista de la importancia y crecimiento de la documentación empleada por esta institución, Felipe II hizo construir un edificio donde poder almacenar el Archivo de la Chancillería, al que unos años después, adosado a éste, se edificó otro edificio destinado a “alojar” a los acusados en los pleitos que se tramitaban en la Real Chancillería, que es la llamada Cárcel Vieja.
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| Imagen del Palacio de los Vivero de Valladolid en la década de 1910 |
De esta forma, se creaba un espacio único conformado por tres edificios, todos ellos interconectados entre sí para posibilitar el buen funcionamiento de este importantísimo órgano de carácter judicial del Reino de Castilla, una institución que se mantuvo vigente hasta 1812, cuando “La Pepa” decidió acabar con este tipo de juzgados deslabazados y unificar la administración de justicia, si bien, dados los avatares históricos de la España del Siglo XIX, no desaparecería definitivamente hasta 1835, cuando la implantación definitiva de la administración central enterraría la Real Chancillería de Valladolid.
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| Imagen del Palacio de los Vivero de Valladolid en 1962 |
Sin embargo, la desaparición de la Real Chancillería no supuso el fin de los juicios y del trasiego de abogados por el Palacio de los Vivero, ya que esa reforma lo que hizo fue transformar esta institución y convertirla en la Audiencia Territorial de Valladolid, continuando este lugar siendo su sede con un único y breve paréntesis entre 1871 y 1877, cuando el palacio fue utilizado por la Capitanía General, hasta 1962, fecha en la que los juzgados vallisoletanos son trasladados a la sede de la Calle Angustias.
Como forma de preparar este emblemático lugar para el futuro, un año antes, en 1961, el conjunto del que forma parte el Palacio de los Vivero da un giro de 180 grados en cuanto a las funciones que venía prestando, al ser adscrito al Ministerio de Educación con la intención de darle una segunda vida: instalar en él el Archivo Histórico Provincial y Universitario.
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| Imagen del Palacio de los Vivero de Valladolid en 1970. Como veis, el estado de conservación no era el mejor y fue imprescindible una buena actuación... |
El primer paso para el resurgimiento de este fabuloso lugar, fue su declaración como Monumento Histórico-Artístico (BIC) en 1964, una forma de proteger este edificio de los desperfectos y daños que venía sufriendo, y si bien es verdad que esta declaración no vino acompañada de una mejor conservación, también hay que reconocer que si no fuera por ella, yo al menos no descartaría que pudiera haber sido derribado…y es que los 60 y los 70 no fueron buenos años para los edificios históricos en Valladolid…
A partir de aquí, se fueron efectuando pequeñas reparaciones y alguna restauración, como la realizada por la Junta de Castilla y León en 1985 en la planta baja de la crujía izquierda del palacio, donde unos años antes se había instalado la Real Academia de Medicina y Cirugía, pero sin duda, la rehabilitación por antonomasia fue la realizada en 1993, una intervención en la que se buscó recuperar la esencia medieval y renacentista del Palacio de los Vivero, modificándose la fachada para que luciera su aspecto original de piedra y enfoscado el resto de ladrillo, eliminándose muchos añadidos que se habían ido realizando, como los elementos de decoración neoclásica, y tratando con especial cariño la “Sala Rica”, la misma donde contrajeron matrimonio los Reyes Católicos, en la que se restauró cuidadosamente su característico artesonado.
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| Imagen del Palacio de los Vivero de Valladolid en los años 80 |
Una vez finalizada esta rehabilitación, y habilitado el Palacio de los Vivero para su nueva función, en junio de 1996 se instala en él el Archivo Histórico Provincial, compartiendo sede con la Real Academia de Medicina y Cirugía, un auténtico lujo para Valladolid y los investigadores en general, ya que, para que os hagáis una idea de la enorme cantidad de documentación de valor histórico que almacena este espacio, que ocupa en planta 3.500 metros cuadrados construidos, hay casi 10.300 metros lineales de estanterías compactas, de las que muy pocas aún siguen vacías.
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| Imagen del Palacio de los Vivero de Valladolid en 1998 |
Como pequeña nota final, en esta entrada he querido centrarme exclusivamente en el Palacio de los Vivero, pero tened en cuenta que este edificio forma parte de un conjunto con lo que hoy día es la Biblioteca Universitaria Reina Sofía y la Casa del Estudiante (y algunas salas de convenciones de la UVA), unas instalaciones que he preferido dejar para otro día para no verme obligado a publicar una entrada de dimensiones ciclópeas…espero que me disculpéis.












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