Cinema Coca

 


Hay edificios que marcan de una forma tan profunda un barrio o una zona que, aunque hayan desaparecido, siempre están presentes en los corazones y en el recuerdo de los vecinos, y cuando ese lugar trasciende tanto a la memoria que, aun sin saber que en algún momento estuvo allí, siguen dando nombre oficioso a una plaza, es cuando nos damos cuenta de lo que significó ese lugar para toda una ciudad.

Este es el caso del Cinema Coca.

Situados en una de las zonas más céntricas de Valladolid, se puede decir que su suelo siempre estuvo relacionado de una forma u otra con la interpretación, ya que en el terreno en el que se asentaba se encontraba el Corral de Comedias, lugar donde desde principios del siglo XVI hacían parada las compañías itinerantes de teatro para representar sus obras en este lado del Pisuerga.

Este tatatatarabuelo de los teatros vallisoletanos, cambió su nombre por el de Teatro de la Comedia, y tras sucesivas reformas y adaptaciones a las distintas épocas, finalizó sus días en el año 1900 convertido en una sala de baile.

Imagen del desaparecido Teatro de la Comedia a finales del siglo XIX

Pero su espacio no quedó vacío por mucho tiempo.

El relevo lo tomó el Gran Teatro, un lujoso edificio diseñado por un viejo conocido de este pequeño espacio, Antonio Ortiz de Urbina, quien, presentado a lo Troy Mc Clure, seguramente lo recuerden por otros edificios de Valladolid como la Casa Mantilla, el Colegio San José o la Casa Luelmo , que una vez finalizada su construcción, abrió sus puertas el 18 de septiembre de 1920 con un espectáculo de variedades, y viendo las notas de prensa de la época, con una fiesta por todo lo alto a la que asistió lo más cool de la sociedad vallisoletana de la época.

Ya sabéis, champán, chistera y diversión.

Sin embargo, a pesar de este deslumbrante inicio, y fiel a ese refrán tan castellano de “días de mucho, vísperas de nada”, el Gran Teatro no tuvo una vida tan longeva como su predecesor, y el 2 de junio de 1929 baja el telón definitivamente.

Imagen del Gran Teatro en el año 1907

Y aquí es donde empieza la andadura del Cinema Coca.

Su nombre no se debe a la preciosa localidad segoviana ni a ninguna sustancia rara, sino al apellido de su dueño, Julián Coca García, afamado banquero salmantino y fundador del desaparecido Banco Coca, que junto con su sobrino Joaquín González Coca, antiguo propietario del Gran Teatro, y José Maldonado como representante, decidieron invertir en cine, pero no como se venía haciendo hasta entonces, sino creando una sala moderna y cómoda que además contara con un amplio aforo, de tal forma que se acercara el séptimo arte a las grandes masas y no solo a un público específico, contratando para su proyecto a una persona de su entera confianza al ser paisano de Coca, Joaquín Secall, reputado arquitecto salmantino que llegó a ser arquitecto municipal en su ciudad, y que cumplió con nota con lo que le pidieron.

Imagen de la Plaza Martí y Monsó de Valladolid en los años 30, poco después de la inauguración del Cinema Coca

Secall creó una sala de cine con aforo para 1.500 personas, sí, habéis leído bien, 1.500 personas…que se distribuían en 500 localidades situadas en los anfiteatros y otras 1.000 en el patio de butacas, aunque lo más importante no fue aprovechar el espacio al máximo, sino que desde todos y cada uno de sus asientos se viera perfectamente la pantalla.

Además de esta orientación al espectáculo de masas, su arquitecto no quiso dejar de lado la tradición de lujo que hasta ese momento poseía el cine, por eso también se dejó un hueco para una bombonería, un bar, una sala de té, botiquín, tocador para las señoras, se diseñó un amplio evacuatorio, don anchas escaleras construidas en mármol blanco natural, un gran salón para fumadores, y para su interior se eligió una cuidada decoración en azul y oro, empleándose para su construcción materiales de especial calidad, entre ellos, hierro, ladrillo y portland.

Un detalle importante en el que se notaba que Secall había entendido a la perfección el encargo que le habían realizado, era la forma en la que solucionó la salida y entrada de la multitud de personas que acudirían al Cinema Coca, ideando combinaciones que permitían despejar la sala sin grandes aglomeraciones gracias a dos puertas que daban a la Calle de San Lorenzo, y otras dos que daban a la Plaza del Teatro (hoy plaza Martí y Monsó)

Cartel publicitario del Cinema Coca con la película Malaire

Como cotilleo curioso, unos días antes de la inauguración se corrió el rumor en la ciudad de que las obras habían sido una chapuza y que los nuevos cines se estaban hundiendo. Al parecer, los vecinos de la zona habían visto camiones repletos de sacos de tierra que eran introducidos en el interior del local, y como nunca falta el “cuñao” de barra de bar y palillo en la boca, se asoció este hecho a un posible fallo en los cimientos de los Cines Coca, pero la razón no era esa, sino que todos esos sacos de arena se utilizaron para hacer una última prueba de resistencia a los anfiteatros.

Con todo preparado, y sin ningún imprevisto, por fin llega el gran momento, el día de su inauguración.

El 15 de marzo de 1930, con el cartel de “no hay billetes” colgado en la puerta por la gran expectación que había despertado este nuevo cine entre los vallisoletanos, 1.500 personas disfrutaron de un programa doble con la proyección de dos películas, “El gran raid”, con Charles Murray y George Sidney, y «El despertar», con Vilma Banky, Walter Byron y Louis Volheim.

Imagen del Cinema Coca de Valladolid en los años 70

Tras este exitoso inicio, el Cinema Coca quería seguir innovando trayendo lo mejor del espectáculo del séptimo arte a Valladolid, y así, tan solo unos meses después de su inauguración, se sustituyó su equipo para poder ofrecer a sus clientes cine sonoro, construyéndose también un mirador en su fachada de la Calle San Lorenzo, y tras esa adaptación, el 17 de enero de 1931 el Cine Coca proyectó la primera película de cine sonoro, uniéndose así en su oferta al Teatro Pradera, pionero en la materia.

Unos años después, en 1946, Julián Coca decide dar un paso al lado y arrienda su cine a Ricardo Marsal y Asdrúbal de Huerga Redondo, empresarios y gestores cinematográficos, con los que sigue el éxito de público del Cinema Coca, consolidándose como uno de los referentes de la vanguardia cultural de Valladolid al ser durante muchos años sede de nuestra Seminci, incluido ese año 1975 en el que durante el festival se estrenó en España “La Naranja Mecánica”, aunque tras su primer visionado para el público general en el Teatro Carrión, los ánimos estuvieron más calmados.

Fachada del Cinema Coca durante la Seminci de 1976

Durante los años 60 se realizan obras de reforma que afectan principalmente al vestíbulo y la fachada, pero sin duda, la más importe se lleva a cabo en 1990, cuando como consecuencia del cambio de gestión del Cinema Coca, asumiendo su dirección Espectáculos Continental, se efectuó una reforma integral para adaptar el espacio a los nuevos tiempos y las nuevas demandas, convirtiéndose el lugar en un espacio multicines, en el que en su planta baja se mantuvo una sala grande destinada a los grandes estrenos, con una capacidad de 600 espectadores, y otras dos salas más pequeñas en la primera planta.

Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, los nuevos propietarios no pudieron salvar el Cinema Coca de los nuevos modos de ver cine.

Fachada del Cinema Coca de Valladolid en los años 80

A principios de la década de los 2000, la descarga de películas había alejado al público de masas de los cines y las grandes empresas de exhibición de películas apostaron por grandes espacios con salas pequeñas, instalándose nuevos cines con este modo de visionado en los nuevos centros comerciales que empezaban a llegar a nuestra ciudad, algo contra lo que los cines tradicionales no pudieron o no supieron competir, y en el caso de los Cines Coca, lo llevaron a la inviabilidad económica.

La situación contable en la que se encontraba el cine era un secreto que aunque algunos se imaginaban, muy pocos conocían, y entre los del segundo grupo estaba el propio Ayuntamiento de Valladolid, que de forma discreta, en 2001 inició negociaciones con la propiedad para evitar el cierre y el despido de sus empleados, ofreciendo la posibilidad de construir un enorme edificio en parte residencial y en parte comercial, a cambio de mantener los empleos, aprovechando que el suelo en el que se asentaba el cine tenía la calificación de residencial-dotacional.

Imagen del derribo del Cinema Coca

Como habréis deducido, las negociaciones salieron regulinchi, y el 13 de enero de 2003, teniendo en cartelera las películas “El gran dictador”, “El Señor de los anillos”, “Harry Potter y la cámara secreta” y “Santa Claus 2”, el Cine Coca cerró sus puertas sin previo aviso, de hecho, según cuentan, ese mismo día en la sesión de las cinco de la tarde, los espectadores hacían cola para adquirir sus entradas extrañados de que nadie abriera las puertas, hasta que los trabajadores de bares cercanos, convertidos en portadores de malas noticias, les comunicaron que buscaran algún otro plan porque el Cine Coca había cerrado definitivamente.

Edificio actual situado en el mismo lugar en el que se encontraba el Cinema Coca

Unos años después vino el derribo y la posterior construcción del edificio actual, cuatro plantas destinadas a viviendas privadas, en donde ya solo queda el recuerdo de lo que fueron los cines Coca.

Y no amigos, la Plaza de Coca no se llama Plaza de Coca, su nombre oficial es Plaza de Martí y Monsó.


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